Os presento a Toby, un perro que a pesar de los pesares siempre a demostrado tener muchas ganas de vivir.
Toby llegó a mi casa en febrero del año 1996 mientras yo cumplía el servicio militar en Canarias. Lo recogió mi hermana de una caja de cartón que abandonaron delante de su colegio. En la caja estaba toby, recién nacido y con los ojos todavía cerrados, con sus hermanitos que también fueron recogidos por distintas personas.
Lo criamos a biberón y con la ayuda de una gata que lo amamantó. Todo esto me lo perdí porque, cuando terminé la mili, Toby tenía ya tres meses.
Toby es de esa clase de perros que sólo con mirarlo a los ojos se percibe su inteligencia. Aprendía cosas observando nuestro comportamiento. Por ejemplo, aprendió a llamar a la puerta una vez y a esperar pacientemente a que alguien abriera. Si tardaban en abrir volvía a llamar una sóla vez y volvía a esperar. Y si tardaban más de lo que él creía que debía esperar, ladraba una vez y seguía esperando.
Además de listo es bastatne golfete, se escapaba de casa para "divertirse" y teníamos que estar pendiente de la puerta. Lo más curioso es que siempre se lo encontraba, de forma totalemente causal, la misma persona en los lugares mas dispares de la ciudad.
Era un perro al que le encantaba correr, saltar y jugar en todo momento. Y esto fue seguramente lo que provocaría, a sus nueve años, una lesión medular que lo dejó parapléjico.
Ese maldito día Toby se levantó con un fuerte dolor de espala que fue inmediatamente atendido por un
veterinario. Por el camino a la clínica, observé como descoordinaba sus patitas traseras al caminar y al subir escalones le aumentaba su dolor hasta el punto de hacerlo chillar.
El diagnóstico de ese día fue un pinzamiento lumbar que fue tratado como tal. Esa misma noche perdió la sensibilidad y la movilidad de la mitad trasera de su cuerpo.
Entonces me di cuenta de algo que se me quedó grabado a fuego. Y es que cada vez que le pedía la patita, y a pesar de que se caía al quedar su cuerpo sujeto con un único apoyo, siempre me la daba sin quejarse y mirándome con su eterna cara de alegría, ahí tumbadito y con su patita en mi mano. Ese tremendo esfuerzo sólo por darme la patita me hizo ver lo grande que es Toby. A partir de ahí decidí hacer TODO por hacerlo lo más feliz posible. Convirtiéndose así en parte fundamental de mi vida. Jamás traicionaré su lealtad, me cueste lo que me cueste. Lo que me ha demostrado él con un simple, pero valioso gesto, no lo ha hecho ningún ser humano.
Al día siguiente, después de hacerle las pruebas pertinentes bajo anestesia general, decidimos operarlo. Todo salió bien pero no se recuperó.
Todo este ajetreo repercutió en mi maltrecha economía y no tenía posibilidad de comprar un carrito. En ese momento, un compañero se ofreció a hacer los trabajos de soldadura y curvatura que requerían la estructura del carrito que yo había diseñado basándome en los que veía por la red. Me limité a darle las medidas e instrucciones que él siguió al dedillo. Nunca podré agradecerle ese trabajo, por poquito que fuera, significó mucho para Toby y para mí. El trabajo de pintura, colocación de las ruedas y fabricación del asiento fue cosa mía.
A raíz de esto publiqué la web
www.carrocan.com. Donde se pueden ver las instrucciones para
construir un carrito y los
cuidados que necesita un perro parapléjico. Pero la información que considero más importante de esa web, es que se muestra una alternativa al sacrificio.
Otro momento precioso fue el día que lo llevé con su carrito nuevo a la
clínica donde lo operaron y estuvo ingresado. Todos los profesionales que se encontraban en la clínica salieron a verlo y comprobaron lo feliz y activo que era Toby. La alegría se desbordó hasta el punto de ver alguna que otra lágrima contenida. Toby sólo buscaba caricias e inentaba saltar con sus dos patitas delanteras para alcanzar las manos de todos los que allí estábamos.
A los doce años aproximadamente, Toby se quedó ciego y sentí otra vez una inmensa sensación de tristeza al saber que no volvería a mirarme como él lo hacía y que se quedará sin ver muchas cosas. Él no se merecía eso, pero como se dice siempre: la edad no perdona. Da mucha pena verlo perdido por casa con su carrito, tropezándose para volver a rehacer una y otra vez su camino, sin rendirse.
A partir de su ceguera, Toby empezó a envejecer rápidamente. Tengo muy claro que Toby me dirá cuando no tiene ganas de luchar. Mientras disfrute con una caricia y con un plato de comida, seguirá estando a mi lado porque es suficiente señal para demostrarme que quiere seguir adelante.
Aquí cuando era un chavalín muy golfo (quien lo diría, con esa carita...):

Con algunos años más y con su compañero Pulmi que nunca lo dejaba en paz:

Y aquí el motivo por el que digo que tiene muchas ganas de vivir.
El pobre se quedó parapléjico por una lesión medular que no sabemos como se hizo:

Y la más reciente que tengo:

Un vídeo de cuando no necesitaba carrito con distintas edades (perdonad la censura

) :
Y otro con su carrito:
Y aquí la galería de fotos de carrocan.com
http://www.carrocan.com/fotogaleria/index.php?list=3&page=allTaLuego.